lunes, noviembre 17, 2014

La alfombra del Ikea

Se necesita:


  1. Sofá al que subirse
  2. Alfombra del Ikea
  3. Hijas que se muevan mucho (2)
  4. Una cámara de fotos
  5. Agilidad de disparo
  6. El Picasa que monte solito el collage

Y salen maravillas.





martes, noviembre 04, 2014

Desmigar la pescadilla.

Esta mañana me he dedicado a cocinar un pastel de pescado. Y como eso de desmigar un quilo de pescadilla no tiene mucho misterio, me ha dado por pensar (qué cosas le pasan a una, oye).

Y me he dado cuenta de que hace 5 meses ya. Y las conversaciones al amor de un café que no tuvieron lugar ni tiempo, igual ya nunca lo encuentran.

Recapitulemos. Pero antes, una declaración de intenciones: esto es como una carta lanzada al mar en una botella. Dudo que llegue a su destino. Y si llega, dudo que sirva para gran cosa. Lo voy a considerar como un último intento. No pretendo hacerme la víctima, sólo exponer lo que pasó, y cómo lo viví yo.

Recapitulemos 5 meses. Mi segunda quería hija tenía exactamente 33 días de vida. Ya nos habíamos recuperado ambas del larguísimo parto que acabó en cesárea y sus corolarios. Esta vez me costó mucho recuperarme. A ella no, que estaba lozana y gorda como un tocinillo.

33 días tenía, y nos pilló por Castellón. Fuimos a pasar unos días con mis padres, Iván se quedó en casa. Con 32 días empezó a hacer cosas raras (como vomitar en escopeta y dormir tremendamente inquieta), y con 33 la llevé a la pediatra, de casualidad, porque mi madre trabaja en un centro de salud y pasé a saludar.  Cuando me quise dar cuenta estaba llorando sin parar, en urgencias en el hospital, con la niña en brazos y un diagnóstico de cistitis. Una inflamación de orina, que es una tontería en adultos pero en bebés tan pequeños requiere ingreso. Nos dijeron que unos 10 días nos pasaríamos allí. Le pusieron una vía en el bracito, ¡cómo lloraba la pobre!

Por suerte estábamos en casa.

Por suerte el pediatra que nos atendió era un amigo del instituto (qué maravilla verle).

Por suerte todo el personal médico fue encantador.

Por suerte mi madre se pudo escapar del trabajo y estuvo conmigo ese rato.

Por suerte mi padre está jubilado y se pudo quedar con Ivet.

Por suerte, cuando me quise dar cuenta y me sorbí los mocos, estábamos en una habitación del hospital, ella en una cuna en la que se le veía pequeñísima, con el bracito vendado y una aguja por la que le iban metiendo cosas, antibióticos supongo. Y por suerte, no había otro crío enfermo en la cama de al lado.

Por suerte vino Iván enseguida (menudo susto le metí cuando le llamé para contarle el percal). Y como un campeón estuvo con nosotras, se iba a hacer exámenes a Tarragona, se podía concentrar en ellos (se llevó hasta una matrícula de honor, dicho sea de paso), y volvía a la carrera para estar con nosotras.

Por suerte, mis hermanos, mis padres, mi abuela, mis tíos, mis primos… vinieron a vernos, a darme charla, a animarme, a hacer que se me olvidara lo angustioso del tema.

Por suerte mi madre es maravillosa. Y mi abuela, también. Y  mi padre. 

Por suerte mi abuela cocinó como ella sabe cocinar, y mis hermanos venían en bici a traerme el papeo, divinamente metido en tuppers (qué monos).

Por suerte me cedieron una cama, mientras no la ocupase otro niño enfermo, y por la noche podía dormir en horizontal, en lugar de hecha un 4 en una butaca.

Por suerte, a veces podía alejarme un poco de la habitación, darme una vuelta, acercarme a la cafetería, salir a tomar el sol. Poco, porque Nàdia sólo tomaba teta, y además estaba triste y necesitada de su mamá. Lo justo para no transtornarme.

Por suerte, Lorena no me dejó ni a sol ni a sombra. Vino a hacerme compañía siempre que pudo, me llamaba desde el trabajo y me mandaba mensajitos para que me echara unas risas.

Por suerte, tengo amigas y unos primos cojonudos que vinieron a verme en cuanto se enteraron del tema. Y como es fácil de imaginar, cuentan con mi devoción eterna. Silvia se quedó conmigo hasta muy tarde la noche del sábado, y me decía: ¿Ves?  ¡Es casi como estar de farra! ¡Sólo nos falta la cerveza! Y nos echamos unas buenas risas.

Y aquí, un inciso: mi hija, que quede claro, no corría ningún peligro. No se trataba de acompañarme en las horas agónicas en las que mi niña luchaba contra la muerte, no nos pongamos trágicos en exceso. Pasadas las primeras 48 horas dejó de tener fiebre, y ya sólo quedaba esperar a que le dieran el alta. Pero se pasa mal. O yo lo pasé mal. Estaba aún floja de la cesárea, y muy sensible. En la planta de pediatría, como se puede uno imaginar, hay niños que están malitos. Y algunos que están muy malitos. Y madres y padres que tampoco están en su mejor momento. Oyes bebés que lloran, oyes niños que suplican que no les pinchen, oyes mamás que les consuelan con la voz quebrada por la pena, ves niños que no se pueden levantar de sus camitas… mira, que no sigo que me pongo a llorar: se pasa mal, créeme.

Por tanto, cuando alguien te viene a visitar, te trae un regalo impagable: conversación, aire de fuera, vida que sigue más allá de esas paredes.

Todo esto viene a que me llevé un chasco morrocotudo. Cuando avisé a mis amistades, a las de Castellón, la mayoría respondieron de maravilla. Quien pudo, vino a vernos. Quién no pudo, me llamó y me dio charla un rato. Me mandó mensajes, se interesó por mí y por ella.

Pero para mi sorpresa, hubo algunas personas, algunas personas muy próximas, gente que tenían un lugar muy grande en mi corazón, que no vinieron. Además de muchos buenos deseos por whastapp, en un grupo compartido,  NADA. Ni un msg a mí, en privado, ni una llamada, ni un qué necesitas, ni una buena excusa por la que no venir a verme.

Y oye, Castellón es bien pequeño, el hospital está cerca de cualquiera.

Yo me quedé perpleja. Así que, pasadas las primeras 48 horas y con mi niña ya sin fiebre, pensé que igual la gente, con mucha discreción, no me quería molestar por si estaba yo tan nosecomo que no quería charla. Por tanto, decidí pasar a la acción directa (9a) y pedirlo claramente. Y mandé un msg que decía, más o menos:

Mi niña ya está bien, sólo nos queda esperar a que nos den el alta. Pero yo me aburro como una ostra, así que ya os estáis organizando para venir a verme.

Bendita inocencia, organizarse las visitas. No vino NADIE. Nadie llamó, tampoco (nadie de ese grupo, ojo, que gente a vernos vino un montón).

Yo me dediqué a comerme la pinza. Pero bueno, igual al ser entre semana, la gente iba más aperreada.

Llegó el sábado, y con él, una foto donde pude ver cómo algunas de esas personas que yo estaba esperando se lo pasaban de coña en una cata de cervezas.

Llegó el domingo, y con él, unos msgs para quedar para ir a tomar algo a las tascas. Fueron, claro.

Llegó el lunes y nos dieron el alta.

Y nos fuimos pa casa, claro. Rabiosa y dolida, dispuesta a no ver nunca más a esa gente.

Pero resulta que esas personas, que no habían encontrado ni un minuto durante los 5 días de hospitalización para llamarme, o mejor aún, para venir a verme, si que habían encontrado el momento de poner todos cierta pasta y comprar un regalo para mi niña. Y claro, le querían dar su regalito. No quiero pecar de injusta, porque cuando me quise dar cuenta estaban todos a la casa de mis padres, con su regalito, risas y buen rollo. Estuve a punto de explicar lo que me estaba pasando por la cabeza y el corazón, pero me rajé, porque era consciente de que no me encontraba en mi mejor momento, igual no podía expresarme correctamente y la acababa liando parda. Así que me callé

Pero pensé que, como mis amigos me conocen y suelo ser bastante transparente para ellos, por aquello de no saber disimular, alguien me llamaría, o me sugeriría tomar un café, y me preguntaría. Pero no. Se intentó, eso de quedar, pero no hubo manera (y aquí no culpo a nadie, que yo soy la primera que iba aperreá)

He consultado esto con algunas personas cuya opinión me merece un respeto. La opinión unánime es que nadie es consciente de que me haya sentido dolida. Que nadie lo ha hecho a propósito por joder (¡faltaría más!). Que simplemente, la vida siguió a pesar de que yo estaba en el hospital, y nadie pudo organizarse para venir a verme. El ajetreo diario, ya sabes, cuando te quieres dar cuenta ya ha pasado una semana, ya me habían dado el alta, ya no tenía sentido.

Temo que alguien me pueda acusar de ser demasiado susceptible. Y algún listo dirá que eso me pasaba por las hormonas, por estar recién parida. Así que no sé qué pensar. Cuando estoy en hospital con mi bebé ingresado, ¿qué es lo que debería esperar de mis amigos? ¿Debo asumir la indiferencia con serenidad y seguir como si nada? Eso de en las duras y en las maduras, ¿dónde queda? Lo del regalito está muy bien, por supuesto, pero yo puedo comprar a mis niñas todos los trajecitos que me dé la gana. Lo que no puedo comprar es el tiempo que mis amigos me dedican, o su cariño. 

He pensado montones de veces en esto, hasta que hoy, desmigando una pescadilla, me he dado cuenta del tiempo que hace que no lo pienso. Y es que creo que, esta gente, ha dejado de importarme.

Y eso es una pena. Mucha pena.

Igual algún día alguien propone tomar un relaxing café con leche, y este tema sale a la conversación. 

Y a ver qué pasa. Ya no tengo hormonas como locas por todo mi cuerpo, hace tiempo que se me pasó la paranoia del hospital, me encuentro muy bien. Ya puedo hablar sin temor a liarla parda. Creo.


Así estábamos. Lleva la vía en el bracito. Por lo demás, se ve que hambre no pasó en el hospital. 


lunes, octubre 06, 2014

Un cabreo de tres pares (de tetas)

Un contacto del facebook publicaba hoy una duda existencial: no sabía si darse un paseo en bici, o arrearse una cerveza. Y para ilustrar sus dos intenciones, adjuntaba un par de fotos. Estas:


Lo explico, por si no ha quedado claro. Lo que no sabe el muchachito es si:

  1. Se va en bici ( = chica lánguida, en blanco y negro, de un mustio muy elegante.)
  2. Se bebe una cerveza (= un par de tetas a todo color y a todo espachurre pectoral.)
Y claro, sus contactos, los que se han dignado a contestar, le han recomendado fervorosamente que se tire a la birra. 

Y yo me he molestado. Y he entrado al trapo. Y le he puesto un enlace a un artículo del periódico de hoy, en el que casualmente habla del tema de la belleza femenina. Este. Igual ha sido demasiado complicada la relación entre la foto de las tetas y el artículo. Creo que el chico no lo ha entendido, pues su respuesta ha sido:

si la TV fuera un país, creo que estaría realmente vacío.. ( igual que ahora..  ) Tampoco es "país" para "feos"...  Com diu la Laia, soñar es gratis..  Y reirse un poco de "nuestro alter ego", además de gratis.. es muy sano...  Salut i muntanyes.. !!!

O igual soy yo quién no entiende lo del alter ego... ¿a quién se refiere? ¿A las tetas? ¿A la tal Laia? ¿ ¿A la bici?... le he preguntado: 

 ¿Reirse a costa de las tetas de una piba? Vaya, si que es sano, la verdad.

Pero no, se ve que iba errada: 

Para nada.... me río de mi mismo.. El que me conoce sabe que me suelo reir ( y mucho) de mi mismo...de mis desvaríos y de mis simplezas.. 

Ahora si que ya no entiendo nada. ¿Reírse de si mismo qué tiene que ver con la foto de las tipas? Igual es que el motivo de auto risa es lo de no saber si irse en bici o meterse una cerveza en la andorga. Pero entonces...¿qué pintan la chica mustia y el par de tetas? 

Ante la ira que me subía por la traquea, y a riesgo de liarla parda y entrar a una conversación absurda en facebook, he tomado una decisión salomónica: ya no somos amigos de facebook. Si no pillo su sentido del humor y me indigna ver cómo utiliza el cuerpo femenino de este jaez, paso de ver sus comentarios. Que para indignarme, tengo bastante con Wert. 

Luego he pensado dedicarle una entrada de blog, para explicarle porqué me jode de esta manera la puñetera foto de las tetas. Porque igual al pobre chico nunca nadie le ha explicado esto. 

Y al final he pensado que, si a su edad aún no se ha enterado, es que no quiere enterarse. O que se la trae al pairo. 

Pero te tengo que decir algunas cosas sobre esto:

1- Soy portadora de un par de tetas estupendas. Y ahora que estoy lactando, el tamaño de mis tetas es muy similar al de la actriz porno. No he hecho nada por tenerlas, me vienen por vía mendeliana. 

2- Me visto con la ropa que a mi me parece, y si llevo o no escote, si llevo o no cuello alto, si me marca más o menos las tetas no es asunto más que mío. 

Imagínate esto: estás hablando con un hombre (tu jefe, el del banco, el de la verdulería, un colega, tu profesor de natación, un alumno, tu compañero de entrenamientos, el que te está sirviendo una cerveza en el bareto) y ese hombre no te mira a la cara, a pesar de que está hablando contigo. Te mira a las tetas. Y como tú si que le miras a la cara, te das perfecta cuenta de hacia donde dirige su mirada (esto no es un poder excepcional que tenemos algunas mujeres, sensibles y feministas, no. Esto es un poder que tiene cualquiera con dos ojos en la cara y ausencia de ceguera). 

¿Cómo te sientes? Ni te lo puedes imaginar, ¿verdad? Y ahora me dirás que a ti no te importaría, que estarías encantado de que te mirasen a las tetas.

A lo que yo te contesto: tú eres imbécil. Piensa si la portadora de las tetas fuera tu piba. ¿Te molaría que todo el mundo le mirase con cara de vicio el escote? Seguro que estarías encantado (notejode...)

Ahora me dirás que lo que pasa es que tú eres muy sensible a la belleza.

A lo que yo te contesto: ¿tu te crees que soy imbécil? Porque una cosa es contemplar la belleza femenina y admirarla (que aquí el que más y la que menos todos somos sensibles a la belleza) y otra cosa es mirar con ansia un escote. 

Para que entiendas la diferencia: yo tengo, además de unas buenas tetas, unos ojos muy bonitos. No se me mira igual, con la misma cara, a los ojos (que son preciosos) que a las tetas (que son bien grandes). ¿Lo pillas? Todo es belleza, si, pero supongo que mis preciosos ojos no te incitan ningún tipo de pensamiento sexual, ¿verdad? 

Ahora vamos a analizar esta viñeta, cuya intención es didáctica y se refiere a la incidencia del virus del papiloma humano. La he sacado de el estupendo blog de la matronaonline, de aquí en concreto:

No te lo vas a creer, pero esta caricatura viene de unas informaciones de la SEGO
(Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia)


Me miro a mi misma hoy, y oye, que me tengo que hacer una citología. Llevo un traje monísimo y ceñido, escotado y minifaldero. Llevo mi larga melena con mechas rubias, me he pintado la raya del ojo y, te recuerdo, tengo unas buenas tetas. ¡Me he alarmado muchísimo! Ya hace más de tres meses de mi último encuentro con un ginecólogo (el día del parto), así que voy con retraso. Y con estas pintas he llevado a una hija al cole, y a la otra al pediatra... ¿qué pensarán de mi?

Pues sólo se puede pensar una cosa de mis pintas: que soy una golfa. Y como tal, me follo a todo lo que pillo y sin protección, por tanto, lo mínimo que tengo es 15 cepas distintas del virus del papiloma humano. 

Ahora creo que he dado un salto demasiado intelectual, igual no hay quién me siga (es lo que tenemos las feministas, que no se nos entiende). Pero te lo explico, es fácil:

tetas grandes = puta
escote = puta
minifalda = puta
rubia = puta
maquillaje = puta

¿O no?

Pues claro que si. Y ¿para qué están las putas? Pues para satisfacer todos los deseos sexuales de los hombres. Añadamos a todo lo anterior que, ya se sabe, cuando una mujer dice que NO realmente piensa que SI (porque además de puta, es idiota), y ya lo tenemos todo arreglado.

Por tanto, unas tetas como esas, acompañando a una birra (o a un coche, o a un paraguas, o a un piso en la sierra, o a la promoción de la ciudad de Gandía), y el mensaje es este: follar. Follarás si bebes birra, follarás si llevas este coche, follarás si te compras este paraguas, follarás si... 

Este me lleva a pensar que mi idolatrado Jardiel Poncela tenía razón al afirmar "Que los hombres no se dividen en grupos, sino en piaras." 

Especifico unas cosillas, por si aca:
  1. No va por ti en concreto, por ti mi ex contacto de facebook. Va por ustedes, ¡todos y todas!
  2. No tengo intención de vilipendiar. En el fondo, mi intención es didáctica, pero mi cabreo me aparta un poco de las sendas de la docencia. 
  3. Supongo que lo de las tetas es extensible a un buen culo o unas buenas piernas o unos buenos labios jugosos. No lo sé en primera persona, Mendel no lo ha querido así.
  4. En el rato que he escrito esto, mis dos hijas duermen. La primera del tirón, a la segunda la he dormido ya 3 veces. Mi escaso tiempo libre te lo dedico a ti, a ver si pillas ya que no se puede utilizar las tetas femeninas para reclamo de nada.
  5. En todo este rato me he sacado mis estupendas tetas 3 veces: para dar de mamar a mi estupenda hija.  


Y para acabar, al loro el vídeo (la canción se pega):


Y la versión del mismo, sin censura. Lo de la censura me parece una gilipollez, como si en la primera versión no se "cosificara" el cuerpo de la mujer, amos, amos...


Al acabar esta entrada, me he ido a vestir. Llevaré a mi niña mayor a ballet (si, a ballet, yo no lo puedo entender pero a ella le ha dado por ahí) y luego las meteré a las dos en el carrito destinado a tal efecto, y nos iremos a correr por el paseo marítimo. Mientras me vestía, con la ropa de correr (obviamente) he pensado en el gran problema que me supone ir a entrenar de día. Hasta ahora, las pocas veces que he ido a correr ha sido de noche (a eso de las 10), y por la zona del paseo marítimo menos transitada. Pero con el sueño que tengo hoy, con la nochecita toledana que me han dado este par de locas, en cuanto se duerman esta noche quiero dormir yo también, así que si quiero correr, tendrá que ser de día, y con ellas (que hoy estoy de madre soltera).

¿Sabes cuál es el problema? Más allá de que hace sólo 5 meses de mi segunda cesárea, de que hace un año que no salgo a correr, que estoy gorda y desentrenada, que me da pereza, que me caigo de sueño, que se me ocurren 3000 planes mejores que ese...  mi verdadero problema son mis estupendas tetas, llenitas de leche. Me duelen al correr, a pesar de mi sujetador-faja, a pesar de dar de mamar antes de empezar. Pero mucho peor que ese dolor, lo que no puedo soportar, a mi tierna edad, son las miradas de algunos hombres: no ven a una madre de dos crías correr, empujando el carro con ambas dentro, teniendo que parar a cada momento porque una llora, a la otra se le cae un juguete, una pide agua, la otra da guerra... no ven el esfuerzo titánico que supone superar el sueño, la pereza y  los meses sin entrenar, el dolor de tetas, el dolor de cesárea... 

Sólo ven dos tetas inmensas que suben y bajan. Y las miran con ganas, te lo aseguro. Yo me muero de rabia y de vergüenza. Y por eso voy a correr de noche, robándome más aún horas de sueño. Pero hoy no, hoy voy de día, y como algún gilipollas me mire las tetas, igual le suelto alguna burrada, para que la vergüenza la pase él, y no yo, que no tengo la culpa de nada, ni nada de lo que avergonzarme. 

Esta es la realidad de las tetas de las mujeres, del culto al cuerpo de las mujeres. Que nos hacéis sentir mal, nos hacéis avergonzarnos. Si no se utilizaran las tetas como reclamo ante unas birras, para vender un paraguas o para (qué pena) ilustrar que uno no sabe si montar en bici o beber cerveza, estas cosas no pasarían. 

Y por estas cosas no me refiero a que los hombres nos dejen de considerar como objetos. Para eso hace falta mucho más que no lucir tetas en anuncios. Pero sería un buen comienzo. 

¿Lo has entendido ya? 

viernes, octubre 03, 2014

Cómo leer y ser madre non stop

Cuando digo por ahí que leo (bastante, dadas mis circunstancias), y más cuando digo que me voy a una reunión del club de lectura, la gente me mira con los ojos como platos. 

Y la pregunta es: ¿pero tienes tiempo?

Y ahora voy a explicar cómo consigo el tiempo, y por qué lo consigo.

El por qué.

Lo consigo porque, si no leo, mi actividad mental se reduce a la vida doméstica y a soñar con viajes a Mongolia, o al Berguedá. Lo de hacer una lista mental de la compra, organizar las horas del día para llegar a todo, dormir entre poco, poquísimo y casi nada, y además asumir con serenidad (alguna vez) las rabietas de Ivet, no cuenta. No porque no requiera meneo de neuronas, si no porque si no me evado con alguna actividad mental un poco alejada a mi actividad doméstica, me aturrullo. 

Así que leo. Además, estoy estudiando inglés a distancia. Y ambas actividades me generan un placer inenarrable.

El cómo.

Primero, leo muy rápido. Rapidísimo. Esto se debe a que llevo leyendo toda mi vida, y leyendo mucho, y esto es como unos bíceps de cultureta: a base de darle caña, se fortalece. Además, de pequeña hice un cursillo por fascículos que rondaba por la casa de mis padres (y que nunca nadie le había hecho caso) y debió funcionar, porque la verdad es que leo a toda pastilla. Y me entero, que conste. 

Segundo, leo cosas que me motivan. Cuando se duerme poco y se tienen los nervios una miajita destrozaos, no es cosa de ponerse a leer el Discurso del método de Descartes, o las teorías de Piaget. Interesante, si, pero no toca ahora. Yo leo mucha novela negra, que eso de que aparezca un fiambre y nadie sepa quién es el asesino, vicia. Me he tragado también todos los libros de Juego de Tronos, y los de los Juegos del hambre. No es alta literatura, pero engancha que no veas. También me ha dado muchas alegrías mi idolatrado Jardiel Poncela, pero eso si que es alta literatura. 

Tercero, me he comprado un maravilloso ebook, que es táctil, pesa poquísimo y, lo mejor del mundo, tiene luz propia. Así leo cuando le doy teta a mi niña e intento dormirla. Leo por las noches, cuando me toca alimentarla en horas intempestivas, y no quiero ni que se desvele ella, ni despertar al resto de la familia. Leo siempre que puedo, y por eso, llevo siempre el ebook este cerca. Lo que no hago nunca es leer cuando están mis niñas por aquí dando vueltas, que ellas son primero. Pero Ivet va a cole, y Nàdia duerme bastante, que para eso es un bebé. 

Cuarto: cuando tengo un rato muerto, no juego al Candy Crash. Leo.

Total, que me salen unos buenos ratos diarios. Llevo 16 libros en los 5 meses de vida de Nàdia.

Vamos, que menos quejarme del tiempo que no dedico a irme de cañas o a entrenar, y más aprovechar las horas y horas y horas de lactancia. 

El ebook es este. No cobro comisión, que conste. 


martes, septiembre 30, 2014

A ver quién es el guapo que se lee esto y no afirma con rotundidad que Jardiel Poncela es lo que más mola del mundo literario.

(Esto lo he subrayado yo, tras troncharme, de mi ebook, que sabe hacer estas cosas. )



La Tournee De Dios (Enrique Jardiel Poncela)


Me acompañaba un muchacho de once años que me servía de criado y al que denominaba boy, no por presumir de educación británica, sino porque jamás acudía cuando se le llamaba. 

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La Tournee De Dios (Enrique Jardiel Poncela)


había descrito maravillosamente la ciudad de Nueva York sin disponer para ello de más documentos de consulta que un plano de Cáceres.
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La Tournee De Dios (Enrique Jardiel Poncela)


de qué se trata, de una novela "de amor y de placer"? 
- No. De una novela "de dolor y de reuma". 
- Me agrada ver que enfocas temas filosóficos. ¿Muy larga? 
- Lo imprescindible: 800 páginas. 
-¿Y el asunto tiene tesis? 
- No. Pero el protagonista tiene tisis. 
- Es una compensación importante. ¿Cómo acaba? 
- Con la palabra FIN 
-¿Y empieza? 
- En la primera página. 
-¿Sabes que ya me va interesando tu novela? 
- Lo creo. 
- Acabaré leyéndola. 
- Es una cosa que no haré yo.
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La Tournee De Dios (Enrique Jardiel Poncela)


-¡Hombre! Joven… Nunca se sabe cuándo una mujer es joven.. Las mujeres modernas han aplicado al físico lo químico y son todas Ninones de Lenclos.
 - Pero.. ¿qué representa? 
- Comedias de Benavente.
 -¿Eh? 
- Sí: es actriz. Dicen que tiene veinticinco.
 -¿ Comedias de Benavente?
 - Años de edad. Sin embargo, no representa arriba de quince.
 -¿ Años de edad? 
- Comedias de Benavente.
 - En fin… ¿ en qué quedamos? -exigió Federico.
 - ¿Respecto a las comedias de Benavente? 
- Respecto a su edad.
 - Pero… ¿la edad de Benavente?
 -¡La edad de ella!
 -¡Ah! Pues eso.
 -¿El qué? 
- Que dicen que tiene veinticinco.


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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)


Sigo siendo romántica y poética y cuando la noche me sorprende entre las sombras del Retiro, suspiro al contacto de los besos de la luna. A veces, cuando la noche me sorprende en el Retiro, me sorprende también que no me sorprenda el guarda y me eche a la calle, con lo cual comprenderá usted que mi alma, que sabe elevarse hasta las regiones del ideal, también conserva contacto con las ruindades terrenas. En otras ocasiones, mi corazón, sediento de amores puros, me empuja a la rebusca de tiernas margaritas campestres, y las despétalo, preguntándolas si vendrá el Lohengrin de mis sueños ¿sí?, ¿no?, ¿sí?, ¿no? En fin, ¡soy tan locuela! Pero créame, al matrimonio le tengo miedo. ¡Por Dios, por Dios, no me proponga que nos casemos, que le tengo mucho miedo al matrimonio! ¡No me sea malo, Leo! Sabe que le quiere de veras su vieja amiga Luciana.
 P. D. - Desde luego, la boda se celebraría en la mayor intimidad.»

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)


Mi vida es igual a la de cualquier mujer que amó, se casó, ansió enviudar, enviudó, sintió haber enviudado y se dedicó desde aquel día a tomar sorbetes en «Pombo». Sigo lo mismo de alta que entonces… ¡que entonces…! ¡Ay! Y peso unos cuantos kilos más. Ahora peso… ¡uf, qué vergüenza…!, peso ciento tres con doscientos. Pero sigo siendo muy romántica…

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)


El amor es como un columpio de verbena, que sí se mueve despacio aburre, y si se mueve deprisa da la vuelta y nos pulveriza.

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)


El amor es una montaña rusa, porque al oírla nombrar todos sabemos lo que es, pero si la examinamos de cerca advertimos que ni es rusa ni es montaña. 

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Novísimas Aventuras De Sherlock Holmes (Enrique Jardiel Poncela)


 Calló Sherlock Holmes. La tarde caía sin hacerse daño, y la habitación estaba en sombras. El detective se puso una inyección de morfina, y bostezó. Poco después dormía, roncando con sonoridades de jazz-band.
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Novísimas Aventuras De Sherlock Holmes (Enrique Jardiel Poncela)


desplomándose del todo, se desmayó lo mejor que pudo.

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Novísimas Aventuras De Sherlock Holmes (Enrique Jardiel Poncela)


yo me armaba unos líos como para nombrar abogado.

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Novísimas Aventuras De Sherlock Holmes (Enrique Jardiel Poncela)

dedicaba semanas enteras a aprender a tocar en el violín el God save the King.

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Novísimas Aventuras De Sherlock Holmes (Enrique Jardiel Poncela)

—¡Qué vergüenza! 
—¿El qué, maestro? 
—Los «sándwiches» que nos hemos tomado. Eran de carne de caballo. Quedé asombrado.
 —¿De carne de caballo? ¿Y en qué lo ha notado usted?
 —Lo he deducido —repuso con su sencillez habitual Sherlock— porque al masticar me he encontrado un trozo de espuela.

 Y sin concederle más importancia a tan elogiable muestra de talento, (...)

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Cuatro corazones con freno y marcha atrás (Enrique Jardiel Poncela)


Muchos, por el contrario, sí lo han reconocido aquí y en el extranjero; pero, aunque no lo hubiera reconocido nadie, me habría dado igual. He dicho-y repito-que en cuestiones de arte mi propio sentido del juicio y mi propio buen gusto me bastan en el presente. Y hasta en el porvenir; porque, en cambio, no he dicho, pero lo digo ahora, que la posteridad me importa un rábano. Literariamente he conseguido ya formarme un mundo para mí mismo, en el que me aíslo como el buzo en la escafandra. Esto de escribir no teniendo en cuenta otra opinión que la íntima y despreciando los demás criterios produce un bienestar mental y físico inefable, y, además-resultado estimulante-, crea una masa de lectores y espectadores entusiastas siempre

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Cuatro corazones con freno y marcha atrás (Enrique Jardiel Poncela)


-Para él, las enfermedades se dividen en dos clases: las que se curan solas de cualquier manera y las que no las cura nadie de ninguna manera. Las primeras, como se curan solas de cualquier manera, dice que no necesitan médico, y las otras, como no las cura nadie de ninguna manera, pues tampoco.

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Cuatro corazones con freno y marcha atrás (Enrique Jardiel Poncela)


Adela. -¡El doctor lee el futuro en los astros! 
Emiliano. -¡Vaya vista!

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PERO… ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES? (Enrique Jardiel Poncela)


La vida de las muchachas honradas, que es adorable para el mundo y que en un tiempo lo fue para mí propio, me recuerda el sabor insufrible del bacalao a la vizcaína o de los callos a la madrileña. Y en un punto a interés novelesco, encuentro desde luego mucho más interesantes las noticias detalladas del avance catastral.

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PERO… ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES? (Enrique Jardiel Poncela)

La verdad es más que horrenda: la verdad es espantosa. (Y por eso, también, el fin de la Religión, de la Moral, de la Política, del Arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos, más que ocultar la verdad a los ojos de los necios.) Pero… ¿debo, asimismo, ocultar la verdad? No. Porque yo no he escrito, ni escribo, ni escribiré jamás para los necios. Y si algún necio me lee, peor para él por meterse donde no le llamaban. Mi posición es, pues, la de ayer, la de mañana, la de siempre: RISA FRENTE A LA VERDAD
A los inteligentes no debe ocultárseles la verdad, de la misma manera que a los Santos nadie les ocultó el vicio. Por el contrario, hay que descubrir la verdad; cogerla de improviso; mirarla cara a cara sin pestañear, de igual modo que miramos la factura del gas a primeros de mes. Y cuando podamos contemplar, libres de estremecimientos, aquel semblante repulsivo, entonces… ¡a reír! ¡A reír hasta hartarse! ¿Tomar las cosas en serio? Los burros y los hombres formales esos si toman las cosas en serio.

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PERO… ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES? (Enrique Jardiel Poncela)

Pero es que un hombre formal sólo se diferencia de un vagón de burros en que hace menos bulto y en que va al café a discutir de política. Todo lo que va dicho resulta bastante amargo. Pero hay que tener en cuenta que se trata de un Aperitivo. Por lo demás ¡poco que me he reído yo escribiéndolo!…

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PERO… ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES? (Enrique Jardiel Poncela)

El hombre normal tiene un fin: crear; crear, ya en colaboración con la mujer, ya por sí solo. Cuando lo hace en colaboración con la mujer, crea niñas y niños. Cuando lo hace por sí solo, crea maquinarias útiles, fórmulas matemáticas y políticas, leyes científicas y sociales, obras de arte, sustancias y objetos e ideas necesarios para la vida, refinamientos, distracciones, etc. Hay hombres, que teniendo -como todos- el fin de crear, no crean nada, es cierto. Pero estos hombres deben tener otro fin: la horca.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Acaso también resulte el prólogo un poco cínico. Es inevitable. Voy a decir verdades y la verdad sólo está separada del cinismo por un tabique de casa moderna.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Mi esqueleto está proporcionado: doce grados menos proporcionado que "Apolo" y veinticinco grados más proporcionado que "Quasimodo".

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


No bebo vino ni licores y mis órganos funcionan con la exactitud de un funicular.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


Mi salud es perfecta, como la "Casada", de Fray Luis.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

La opinión ajena me tiene perfectamente sin cuidado; lo que los demás murmuren de mí no me ha hecho ni me hará variar jamás de conducta. Pero cuando he sabido que una persona me difamaba, la he retirado el saludo de un modo automático. Con este sistema, que recomiendo, me he suprimido el trabajo de hablar con mucho imbécil.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

El hombre actual es tan bestia y tan perverso como el que oyó gruñir en el Parlamento a Pi y Margall o como el que dibujó "mamuths" en la cueva de Altamira. Y

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


De la Filosofía opino que es la Física Recreativa del alma.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

No seré yo -¡oh, no!- el que estampe aquí numerosos elogios de los autores viejos, puesto que los autores viejos rarísimas veces estampan elogios de los autores jóvenes. Diré, eso sí, que la literatura dramática contemporánea está representada por los hermanos Alvarez Quintero, cuya labor, españolísima y saturada de ingenio, es soberbia.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Deseo la llegada del momento en que mi hija sea lo bastante crecida para pasearme con ella por el mundo, enseñándola a burlarse de todo bicho viviente. Mi mayor desdicha será verla enamorada de un imbécil, y como la providencia se esfuerza en hacernos beber los tragos que más aborrecemos, me asusta la idea de que aquello acabará, fatalmente, por suceder.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

No definiré el humorismo, no. Pero sí diré que no todo el mundo entiende la literatura humorística. Lo cual es naturalísimo. Particularmente la literatura humorística, además de servirme para una porción de cosas que no hace falta denunciar, me sirve para medir la inteligencia de las personas, de un golpe y sin equivocarme en un solo caso. Si oigo que me dicen: "-¡Bueno, se les ocurren a ustedes unas gansadas tremendas!". Pienso: "éste es un cretino". Si me dicen: "-Está bien esa clase de literatura, porque quita las penas."Pienso: "éste es un hombre vulgar". Cuando me advierten: "-Es un género admirable y lo encuentro de una dificultad extrema." Entonces pienso: "éste es un hombre discreto". Y por fin, si alguien me declara: "-Para mí el humorismo es el padre de todo, puesto que es la esencia concentrada de todo y porque el que hace humorismo "piensa, sabe, observa y siente"." Entonces digo: "éste es un hombre inteligente".

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Que las mujeres, cuando desprecian o cuando engañan, lo hacen sin saber por qué, pues razonan rarísimas veces.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


Que los hombres no se dividen en grupos, sino en piaras.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


Para ello he escrito "Amor se escribe sin hache", pues pienso que las novelas "de amor" "en serio" sólo pueden combatirse con novelas "de amor" "en broma". Exactamente igual hizo Cervantes con los libros de Caballería, sin que esto sea osar compararme con Cervantes pues entre él y yo existen notables diferencias; por ejemplo: yo no estuve en la batalla de Lepanto.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


lord Brums se quedó en el fondo del lago hasta que lo sacaron once días después, envuelto en líquenes y mucho más muerto de lo que le conviene a un hombre que tiene cierto interés en seguir viviendo.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- Sylvia: eres ya una mujer…
 - Lo sé -replicó ella, que aborrecía los prólogos inútiles. 
- Y yo, Sylvia, soy un hombre… 
- Lo sospeché al momento, sir Ranulfo. 
- Pues bien, Sylvia: cuando un hombre y una mujer se han encontrado solos como nosotros, se han casado. Esto viene ocurriendo desde el tiempo de Adán. 
- Adán y Eva no se casaron, sir. 
- Por eso su pecado fue original. Pero tú y yo, que somos más vulgares, debemos casarnos. Tengo el honor de poner a tus pies mis cuatro minas de hulla, Sylvia.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Lady Brums reflexionó unos instantes, muy pocos, para no malgastar su cerebro.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


- This is very readig and how? A lo que Arencibia repuso riendo: - Litle parrows cleveland…

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

era sordo como una tonelada de yeso.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

con ánimo de aconsejarle que hiciese una de esas frituras de espárragos tan comunes en España,

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- ¿Adónde vas?
 - Pienso embarcar para Australia. 
- ¿Y por qué no te vienes conmigo al Polo Norte? 
- Pchss… Casi me da lo mismo el Polo Norte que Australia…
 - Te lo digo, porque el Polo Norte es un bar muy confortable que hay en Cuatro Caminos, y allí, delante de unos vasos de cerveza, me podías contar qué mujer es la que se ha cansado de ti. Para los espíritus cultos, un hombre que se va a Australia es un hombre que ha sufrido un desengaño de amor. Es una frase que tengo apuntada. 

Pérez Seltz, o, mejor dicho, Zambombo, reflexionó, cosa que hacía hasta tres y cuatro veces al año.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Zambombo era entonces un niño gordo, semejante a un balón de fútbol, pero con orejas.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- Algo semejante le ocurrió a mi padre. Era un entusiasta de las armas de fuego, y el día que al disparársele una pistola quedó muerto en el acto, su entusiasmo por las armas de fuego se acabó de un modo radical. Zambombo dejó escapar un suspiro, que se marchó revoloteando, y añadió:

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- Soy tan romántica… -suspiró ella. 
- Sí -repuse yo con arrebatada elocuencia.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Es, sencillamente, que "los imbéciles que tienen valor para piropear en la calle a una mujer elegante y para seguirla hasta su casa, no tienen valor para encerrarse a solas con ella".

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

le esperaba una carta: un sobrecito azul, escrito con una letra muy laxante y saturado de perfume de "lirios tumefactos" Lo desgarró con dedos fremantes. La carta era -ya lo sabían ustedes- de Sylvia, y estaba escrita en un estilo afrodisíaco.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)


"Los acontecimientos se precipitaban", como escriben los retrasados mentales de la literatura.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

reunido con once amigos, que eran: Manolo Porta y Cubre, fabricante de microscopios; Adelciso Medrán, coronel; Fernando Pachín, ingeniero; Eduardo Raspagneto, gastrálgico; don Florencio Garrote, magistrado; Félix Permuy, médico a pesar suyo, y Horacio Larreta, pintor "rayista", inventor del nuevo género denominado "rayismo" y autor de cuadros tan famosos como los titulados "Badajoz visto desde el rompeolas" y "Retrato de mi madre antes de nacer yo". Había otros cuatro amigos más que por aquel entonces no tenían otro oficio que el de idiotas.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- Yo no me levanto a las siete de la mañana ni para asistir a la resurrección de la carne -dijo lacónicamente.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Se imaginó infinitas imbecilidades de este jaez.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- La "browning" -decía- es un arma muy traicionera. Ese diablo de Arencibia la ha elegido porque la conoce a la perfección; pero para el profano resulta difícil manejarla. ¿Se ha ensayado usted esta mañana como le advertí? 
- Sí -repuso Zambombo-. Y a cincuenta pasos he hecho blanco en el edificio de la Escuela de Ingenieros Agrónomos, de la Moncloa. 
- ¿Cuántos disparos ha tenido usted que hacer para dar en el blanco? 
- Mil doscientos sesenta. 
- ¡Bravo! No se preocupe usted. Matará

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

En el fondo, creo que usted y yo no estamos de acuerdo ni en la fecha del descubrimiento de América.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Que las amen los imbéciles, los muchachos de veinte años, los que gustan del cante flamenco y los vendedores de torrijas.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Después vivieron ese momento lírico que las parejas de enamorados españoles viven siempre al introducirse en un tren. (¿Será que en los trenes se agazapan todos los microbios de lirismo que esparció por España aquella cornucopia con perilla que se llamó Gustavo Adolfo Becquer?)

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- Siempre he soñado con besar a la mujer amada a la luz de la luna -prosiguió él con esa imbecilidad astronómica propia de tantos enamorados.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Sesenta lámparas se distribuían de esta manera: una en el techo y cincuenta y nueve en el delantal del encargado del mostrador.

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Stappleton, que tenía la estatura aproximada de la torre Eiffel y un cerebro tan divinamente organizado como la descarga de buques en Singapoor, cuando hablaba de España se olvidaba en absoluto el talento

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

- ¿Tal vez lady Brums ha tenido amantes en Londres? 
- En el único sitio donde Sylvia no ha tenido amantes es en el interior del Vesubio

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Amor se escribe sin hache (Enrique Jardiel Poncela)

Don Chimborazo se dejó enterrar rápidamente y sin protestas. 

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)

La fatuidad del hombre es inenarrable. Observad un grupo de seis individuos que toman el aperitivo en la terraza de un café: una mujer hermosa pasa y mira distraídamente al camarero. Mira al camarero distraídamente. Bueno, pues los seis hombres no sólo se quedan convencidos de que les ha mirado a ellos, sino que, además, cada cual piensa para su interior: «¡Le he gustado! ¡Menudo tío soy!» Palabra, que da asco. El hombre más feo y más torpe, el más tonto, el más inútil se cree digno de una estatua o de un monumento, cuando, en realidad, es sólo digno de una primera piedra: en la cabeza y lanzada con honda.

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)

Políticamente, todos los hombres han gruñido alguna vez. - Si yo fuera Gobierno… Y el 99 por 100 de ellos, si fueran Gobierno, habría que colgarles de un farol recién pintado.

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LA MUJER COMO ELEMENTO INDISPENSABLE PARA LA RESPIRACION (Enrique Jardiel Poncela)

si lleva lentes, presume de listo, confundiendo la inteligencia con la miopía;


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