lunes, diciembre 19, 2011

Peli para ir a ver estas Navidades

Está el tema como para evadirse en el cine. Porque si nos paramos a fijarnos en cómo está la película, nos da un faristote (que dice mi abuela). Por tanto, estas Navidades en lugar de gastarnos el dinero en regalos para la familia, mucho mejor invertimos en ir a ver esta peli:



Título: Pagainfantas.


Año:  2011.
Nacionalidad: España – República Bananera.
Género: Comedia, drama, reír por no llorar, mear y no echar gota.
Director: Iñaki Urdangarín (pendiente confirmación)
Guión: Diego Torres (pendiente confirmación)
Produce: Casa Real, Instituto Nóos, Govern de les Illes Balears, Generalitat Valenciana, SGAE.
Reparto: Iñaki Urdangarín, Diego Torres, Jaume Matas, Francisco Camps, la infanta guapa y la otra infanta. Con la colaboración especial de Juan Carlos Palito (as himself) y quieras que no, todos los españoles.
Sinopsis: Comedia para toda la Familia (Real) en la que se conjugan amor, poder, ambición y bodorrios de Estado. Un joven y exitoso deportista con cara de perpetuo jet lag (Iñaki Urdangarín) toma nupcias con Cristina, la infanta más hermosa del reino (en el reino hay sólo dos infantas) y es nombrado duque (consorte) de Palma (Arena). Nuestro protagonista conoce el éxito, el fasto, el boato y los oropeles: las mujeres le desean, los hombres quieren ser como él (sobre todo los horteras) y las señoras le aplauden rabiosamente y le llaman guapo cada vez que va a inaugurar una depuradora a un pueblo de Soria. Pero su aparente campechanía, bonhomía y carita de bueno son pura fachada; ebrio de power, el duque de Palma (Arena) se sumerge cada noche en los bajos fondos de Palma (de Mallorca), la muy mosquita muerta, y habla por el Skype con los delincuentes más perseguidos del reino, incluyendo ladrones, gente de la SGAE y Jaume Matas. Con la ayuda de su socio crea un entramado de empresas malévolas para quedarse con dinero del Estado y de los contribuyentes, fíjate tú, y hasta con los royalties de acreditados genios del mundo de la música, como por ejemplo Bebe. Mientras tanto, su cuñada (la otra infanta) desvía la atención llorando en las Olimpiadas y vistiéndose de alegoría de cosas y su concuñado (Jaime de Marichalar) crea una cortina de humo fingiendo que le da un telele pero es mentira, porque Marichalar en realidad es una persona deportista que lleva una vida sanísima y no es un yuppie absurdo ni nada. Su mujer pasa los días en Washington (no es duquesa de Washington, pero vive allí) ideando concatenaciones de nombres para ponerle a sus hijos y sufriendo en silencio la distante frialdad del duque de Palma, de cuyos tejemanejes no sabe nada aunque el dinero, bien que se lo gasta. Completan el reparto Juan Carlos Palito (que iba a ser interpretado por Ian McKellen, pero al final ha sido Juanjo Puigcorbé), la gueina (interpretada por Marisa Paredes), el príncipe (interpretado por Blanca Portillo, que pasó por un intenso programa de hormonado para preparar el papel) y Letizia Ortiz Rocasolano (interpretada por Loles León).

viernes, diciembre 16, 2011

una carta



Me hirvió la sangre, me chirriaron los dientes y me clavé las uñas en las manos cuando te vi el domingo en la televisión sonriendo a pantalla y vendiendo humo político mientras respondías a las preguntas diciendo “el crío”.

Antes de que creas que esta es una crítica gratuita de alguien que no comparte tus ideas políticas te diré que la hostilidad que me has provocado no tiene nada que ver con tu perfil político. Va por otro lado….y es mucho peor.

Apuesto a que pensabas que aparecer públicamente en tu “trabajo” una semana después de dar a luz iba a ser considerado una actitud ejemplar, un modelo a seguir. Apuesto a que pensaste que cuando la gente te viera, iba a decir: Mírala, que responsable y que sacrificada…una semana después de dar a luz y ya está en su puesto de trabajo, dándolo todo por el país. Es una tía en la que se puede confiar porque es trabajadora y responsable”.

Seguro que pensaste eso, y estabas tan contenta. No me cabrea y me hostiliza tu cortedad de miras y tu afán de protagonismo. Lo que me cabrea hasta extremos que no alcanzaba desde que otra como tú, embarazada de 8 meses fue a Afganistán, es que nos toméis a las demás mujeres por completas idiotas.
Te voy a explicar lo que significa que tú estés currando a una semana de dar a luz. Voy a explicarte muy clarito las implicaciones que tiene tu sentido absurdo de la responsabilidad y tus ganas de pegar el careto.

1.- Conseguir que las mujeres tuvieran derecho a un permiso de 16 semanas para cuidar de sus hijos, ha costado mucho trabajo y esfuerzo. Ha exigido concienciar a los empresarios y empleadores de lo necesario que era ese periodo de tiempo para cuidar al bebe. Son 16 semanas, sé que se pueden hacer largas por propia experiencia, pero tampoco son un periodo tan largo como para que no hubieran podido pasar sin ti en tu supercurro. Que tu aparezcas a la semana de dar a luz en el curro…lo que dice es “las 16 semanas son superfluas…se puede volver a currar en cualquier momento”.

2.- Lamentablemente se supone que tú debes dar ejemplo…a alguien. Tranquila que no son muchas mujeres las que te tienen como ejemplo, pero igual que se supone que un político debe ser un ejemplo de honradez, una mujer en la política debería dar ejemplo de lo importante que es saber conciliar, esa palabra con la que os llenáis la boca todas. Tu ejemplo es, yo no sé conciliar y básicamente me la pela, dejo al niño y me vengo a repartir ministerios y limpiar las sillas donde estaban los otros y ahora van a estar los míos.

3.- Tu aparición recién parida dice: “Tengo que volver al curro rápido porque si no lo mismo cuando vuelva después del permiso al que legalmente tengo derecho me han quitado el trabajo”. Que traspasado a la gente normal quiere decir, si os cogéis el permiso que legalmente os corresponde…lo lógico es que cuando volváis os hayan dejado de lado en vuestro trabajo.

4.- Ya sé lo que me vas a decir…es que mi trabajo tiene unas circunstancias concretas, es importante, es vital. Si, ya sé…tienes el síndrome de “mi trabajo es darle al ON del sol para que la humanidad arranque cada día”...pero tengo malas noticias para ti: tu trabajo es exactamente igual de importante que muchos otros y mucho menos importante que algunos que se me ocurren. O me vas a decir que jugar a conspirar, dar ruedas de prensa, hacer interpretaciones torticeras de la realidad y mirar cuanto poder tienes en la cartera es más importante que por ejemplo ser cirujana de trasplantes, profesora, enfermera o cualquier otra cosa de esas que de verdad sirven para algo.

Aún así, lo importante de esto no es si tu trabajo es o no es vital para la humanidad, si tú estas contenta por mi estupendo. Lo grave es el mensaje que das: vosotras piltrafillas con vuestros puestos de cajeras, secretarias, comerciales, dependientas, administrativas de cualquier clase, ingenieras, arquitectas, ópticas, químicas, físicas…, podéis tener un permiso de 16 semanas porque al fin y al cabo vuestros trabajos son poco importantes…yo como soy guay y quiero ser más guay todavía no puedo cogerme esas 16 semanas. Es decir, “si queréis tener un buen trabajo de responsabilidad y que os respeten…amigas...no os cojaís la baja de maternidad”.

Años de pelear por algo a la puta basura por tu afán de protagonismo.

5.- Conciliación es una palabra que en tu boca suena a insulto. Conciliar no es lo que tú haces. Cuando estás forrada de pasta como para tener ayuda en casa que se quede con tu bebe RECIEN NACIDO o en tu curro son tan comprensivos como para llevártelo allí al despachito de 50 metros cuadrados...eso no es conciliación. Conciliar, reina mora...es ganar 900 euros, que no te den plaza en una guardería pública, que tu familia viva lejos y no puedan ocuparse del bebé y tener que currar 8 horas clavadas sin posibilidad de decir: uy...no vengo que el bebé está malo…y a pesar de todo...conseguir organizarte para ser buena en el curro y ocuparte de tus hijos… Quiero decir que si buscas conciliar en el diccionario, jamás saldrá tu foto.

Para que veas que no soy tan malvada como para decirte que deberías haberte privado de la fiesta de chuparos las pollas...perdón...de la fiesta por el triunfo, entendiendo que quisieras ir  a celebrarlo a la oficina, con tus amigos y tus colegas. Tener un niño no significa no salir de casa para nada, pero...lo que te delató querida...es que tú no querías solo participar de la fiesta...querias pegar el careto, ser el perejil de todas las salsas, que quedara claro que nadie iba a quitarte el sitio…aún a costa de tu maternidad y tu “crio”….

Por supuesto que te estés saltando la ley que establece que las 6 primeras semanas son de OBLIGATORIO descanso para la madre.., ya ni lo considero, porque total... ¿para qué va a cumplir la ley una mujer que se supone que tiene y va a tener un papel fundamental en la promulgación de las leyes durante los próximos 4 años? Tonterías sin importancias…y ya se sabe...quien hace la ley hace la trampa.

Me jode hasta el infinito el uso torticero, interesado y fuera de la realidad que hacéis del embarazo y la crianza. Con vuestra pose lo único que conseguís es pisotear lo que han conseguido otras, burlaros de los esfuerzos diarios de mogollón de madres que trabajan fuera de casa, a las que les mola su curro, quieren hacerlo bien, tienen ambiciones por mejorar y a la vez cuidan de sus hijos lo mejor que saben.

Lo peor no es que me parezcáis unas memas...lo peor es que nos tomáis a las demás por memas.

Ahora, estoy esperando la próxima entrevista  en la que digas que “la maternidad es lo más importante que te ha pasado, que te ha cambiado la vida y que como todas las mujeres tienes que hacer malabarismos para conciliar tu papel de madre y trabajadora

…ya me estoy descojonando..por no llorar

Fuente: http://molinos1282.blogspot.com/2011/11/querida.html

miércoles, diciembre 14, 2011

madres de hijas


Qué fotos más chulas. El documento completo, de periodismohumano, aquí.

domingo, diciembre 11, 2011

Parto II

La primera parte está aquí: Parto I.

Me metieron en el quirófano, y aunque mi miedo me hacía pensar que me iban a someter a la más extraña y prodigiosa de las operaciones del mundo, el personal sanitario estaba tan tranquilo, sin aparentar la menor extrañeza, sin ser conscientes de que estaban a punto de sacarme a mi hija de la barriga. Que iban a sacar un bebé, si, claro, lo sabían. ¡Pero se trataba de mi hija! ¡La única que tengo!.Les miraba en su cotidiana rutina como quien, aquejado del miedo a volar, mira a las azafatas pasear su carrito de comida tan tranquilas. Envidiaba su serenidad.

Y no me hacían ni caso. No me hicieron caso, como si no estuviéramos allí mi barriga y yo, durante unos minutos que se me hicieron eternos. Me esforzaba por no mirar los instrumentos que iban ordenando en una bandeja, para tener menos elementos con los que imaginar la cantidad de cosas que me iban a hacer. 

Así que fijé mi vista en un punto neutro, la pared, mientras me iba intentando tranquilizar: "vamos a ver, tú lo que más quieres en el mundo en estos momentos es ver a tu niña, ¿no? bueno, pues el trámite para verla es que te rajen la barriga y te la saquen, y estás a pocos minutos de que esto ocurra. Llevas meses pensando en este momento, y sabes que va a ser uno de los momentos más extraordinarios de tu historia, así que hazte la fuerte y no des guerra, ni un gesto de flaqueza..."

Por fin, una enfermera jovencita y muy agradable vino a "prepararme". Me explicó que me iban a meter una inyección en la espina dorsal, y que no dolía nada. Que lo único que tenía que hacer era sentarme en el borde de la camilla, abrazarme a ella, inclinarme en posición fetal (todo lo que mi inmensa barriga permitiese) y estarme quieta como una estatua. Que me abrazase me pareció precioso, una jovencilla anónima sería mi apoyo mientras me sometían a "eso" que tanto me llevaba aterrando desde que supe que estaba embarazada. La aguja entre las vértebras. Dicen que una aguja grande. No la llegué a ver.

Vino la anestesista, que resultó ser de mi pueblo, y llevar mi mismo nombre. Me explicó lo que me iba a hacer. Me abracé a la enfermera, y noté cómo me pegaban unos papeles en la espalda. No sé para qué, y nunca fui consciente de que me los quitasen. Luego vino el primer pinchacito, soportable. Vino un segundo, soportable. Vino un tercero, y luego el definitivo, el chungo, el del peazo de aguja. Cierto es que no duele, pero impresiona mucho, la sensación de una aguja atravesando la piel, los músculos y lo que haya más allá es desagradable cuanto menos. Pero ya está. Los segundos más largos de la historia, y se hizo la paz.

Me tumbaron, me desabrocharon la bata y la colocaron como si fuese una cortina, de forma que no pudiese ver la carnicería a la que me iban a someter. Yo entré en un extraño estado de conciencia, como si aquello no fuera conmigo, como si estuviera viendo una peli, como si me hubiese fumado un petardo. Estaba exultante, feliz. Empecé a hablar, debía estar chistosa porque la gente se reía. La anestesista estaba detrás de mi, en la cabecera de la camilla, y me iba preguntando cosas, supongo que para comprobar la coherencia de mis respuestas. También me iba tranquilizando, todo va bien, todo va bien. A pesar de lo drogada que estaba, no paraba de hacer cábalas: ¿cómo será?

Y de repente, se me paró el corazón: oí un bebé llorar. 

Y pensé que mi vida tenía sentido. 

Luego escuché los comentarios: qué grande es, qué ojos tiene.

Y luego le vi. Le miré los ojos, azules. Me miró, ya no lloraba. ¡Ah, es ella! Era exactamente como tenía que ser, no había otra opción. Me pareció que ya la conocía, pero que me había olvidado de su cara.

Intenté tocarla pero me habían crucificado a la camilla, me habían atado los dos brazos y estaba llena de agujas, de vías, de goteros... La niña está bien, pesa 3,5 kg, se la llevamos a su padre.

Se la llevó la enfermera que me había abrazado.

Y me desmayé. Fin del partido. Todo estaba bien.

Mientras tanto, Iván esperaba sin camiseta. Estaba tranquilo. Sin pensar en nada. Hasta que oyó un bebé que lloraba y empezó a llorar él también. Se la pusieron, aún llena de sangre, en el pecho. Se miraban a los ojos. Me esperaban y se empezaban a conocer, a reconocer. Se rompió el dique, ya el amor por aquella criaturita era total, incondicional, para siempre. El piel a piel, qué envidia, tuvo él este placer.

Desde que me desperté hasta que me sacaron del quirófano tengo vagos recuerdos, como de una borrachera. Cuando por fin se me llevaron, en el pasillo me estaban esperando Iván y la niña. Él iba caminando por el pasillo, con ella en brazos, y le hablaba: "mira, aquí vienen tu madre, ahora se la llevan pero luego vendrá a estar con nosotros...". Yo lloraba. 

Se me pasó el llanto y dejó paso a la férrea voluntad de estar en la sala de reanimación el mínimo tiempo posible. En cuanto muevas las piernas te vas a la habitación, me dijeron. Hice todos los esfuerzos del mundo por moverlas. Me inyectaban cosas, calmantes del dolor. Vino el dolor, se me instaló en el vientre. Joder, cómo duele. 

Tuve la infinita suerte de estar allí en un cambio de turno. La enfermera saliente, experimentada, enseñó sobre mi dolorido útero a la enfermera entrante, novata, la exploración que hay que efectuar en estos casos. Me iban apretando la barriga, ora una, ora la otra, mientras comprobaban que expulsaba sangre y que el útero volvía a su posición correcta. La experimentada sentenció: en 5 minutos le puedes dar el alta. Felicidad. Ya estaba todo hecho. Ahora a soportar el dolor.

Tuve un entretenimiento maravilloso, que me hacía pensar poco en el dolor: los quejidos de una señora en la camilla de al lado. No se de qué le habían operado, pero no era una cesárea. Se quejaba, y pedía ayuda. Consiguió que me olvidase de mi dolor. Pensaba en la niña, en las dos imágenes que tenía (y tengo) grabadas a fuego en la mente: cuando me la enseñaron, cuando la vi con su padre.

Tenía pegadas en el pecho unas ventosas, que eran las que indicaban mi pulso, el funcionamiento de mi corazón. Una de ellas se soltó por casualidad, y la máquina empezó a pitar como una loca, de forma que la enfermera novata vino a ver qué me pasaba. ¿Me puedo ir ya? Cinco minutos más, y te vas. Pero si la otra enfermera ha dicho que en cinco minutos me podía ir... Ya, ya, no te preocupes, en 5 minutos te vas. Y vuelta a apretarme el vientre.

Pasaron muchos minutos. Nada, aquella se había olvidado de mi. De vez en cuando la llamaban. El dolor dio paso a la rabia, esto era una tortura, yo acababa de parir y lo que tenía que hacer era estar con mi niña, con una nueva vida, no con la abuela lloriqueando dolorida a mi lado. Así que me despegué una de las ventosas. La máquina volvió a tronar. Vino nuevamente la enfermera. Qué raro, cómo se te despegan las ventosas. Es por las ganas que tengo de irme, ¿no te das cuenta que lo que me estás haciendo es inhumano? ¡Yo quiero estar con mi niña, no aquí! Mira cómo muevo las piernas, mira. Volvió a apretarme la barriga, qué jodía. 5 minutos mas y te vas.

Me despegué ventosas muchas veces más. Cada vez que venía, le suplicaba que me mandase a la habitación. Nada. Intenté levantarme y largarme por mi propio pie, pero dolía demasiado.

Al final volvió la enfermera que había dado la clase práctica sobre mi vientre. ¿Aún estás tu aquí? me preguntó asombrada, y con un punto de cabreo en la voz. Mandó a otra enfermera, rubia, jovenzuela y con mucho brío, que se me llevara. Menos mal. Mientras me iba, maldiciendo a la novata asquerosa, oía cómo mi salvadora le echaba la bronca. En total estuve 4 horas separada de mi niña. Un infierno.

La enfermera rubia me llevó a un camillero, y le explicó: mira lo que le ha hecho a esta pobre chica, la ha tenido aquí 4 horas, una cesárea....  El camillero, la mar de majo, decidió acabar con mi tortura corriendi por los pasillos. Yo veía pasar las luces a toda velocidad. Lo último que me faltaría es un accidente.

Llegamos sanos y salvos a la habitación. Entre Iván y él me pasaron a la cama. Ese fue el momento que más me dolió. Pero luego Iván me acercó a la niña. Y pasamos nuestra primera noche juntos, los tres.

domingo, diciembre 04, 2011

El camí cap a Nova York

Como no tengo tiempo para actualizar este blog, he decidido abrir otro más. Así tengo doble motivo para sentarme a escribir de vez en cuando.

Es un blog totalmente freaky y monotemático. Y en catalán.

Se llama http://maratonovayork.blogspot.com/


la talla 38

Esto es lo que nos pasa a muchas con la talla treinta y ocho: que nos aprieta. Pero también nos pasa que, cuando vamos a la tienda de la foto o similares (Zara, Bershka, Stradivarius...) se produce el siguiente fenómeno extraño: al traspasar la puerta de entrada nos transformamos en seres mucho menos esbeltos de lo habitual. Yo no se si es la luz, la atmósfera mega-limpia y perfumada, las dimensiones de las dependientas o que los espejos están trucados. O igual es, ¡oh cielos! que las tallas son un poco más pequeñas de lo habitual.

Yo que soy una chica bien alta y bien esbelta (aunque, eso sí, con ciertos problemas de lorzosis abdominal) y que corro maratones (uno ya hace plural, ¿no?), me siento más gorda que una nutra cada vez que voy a probarme algo en estas tiendas. De mi talla, la 40. ¿La 40? jajajajjaja.

Si a mi me cuesta un esfuerzo mental, cada vez, reconocer que es un problema de tallas de ropa y no de obesidad descarriada, ¿qué no les costará a las niñicas adolescentes, con granos, complejos y ganas de ligarse al más macizo? No me extraña que se pongan a dieta rigurosa y de por vida.

Creo que a la salida de cada uno de estos establecimientos debería haber un carrito de helados, se iba a forrar. Con la ansiedad que genera saberse la más gorda de la galaxia, seguro que a todas nos daba por comer. Por fumar no, que arruga el cutis y amarillea los dientes.

Esta entrada es la única que publiqué en un blog que acabo de eliminar, pa no perderla.