Esto es lo que nos pasa a muchas con la talla treinta y ocho: que nos aprieta. Pero también nos pasa que, cuando vamos a la tienda de la foto o similares (Zara, Bershka, Stradivarius...) se produce el siguiente fenómeno extraño: al traspasar la puerta de entrada nos transformamos en seres mucho menos esbeltos de lo habitual. Yo no se si es la luz, la atmósfera mega-limpia y perfumada, las dimensiones de las dependientas o que los espejos están trucados. O igual es, ¡oh cielos! que las tallas son un poco más pequeñas de lo habitual.Yo que soy una chica bien alta y bien esbelta (aunque, eso sí, con ciertos problemas de lorzosis abdominal) y que corro maratones (uno ya hace plural, ¿no?), me siento más gorda que una nutra cada vez que voy a probarme algo en estas tiendas. De mi talla, la 40. ¿La 40? jajajajjaja.
Si a mi me cuesta un esfuerzo mental, cada vez, reconocer que es un problema de tallas de ropa y no de obesidad descarriada, ¿qué no les costará a las niñicas adolescentes, con granos, complejos y ganas de ligarse al más macizo? No me extraña que se pongan a dieta rigurosa y de por vida.
Creo que a la salida de cada uno de estos establecimientos debería haber un carrito de helados, se iba a forrar. Con la ansiedad que genera saberse la más gorda de la galaxia, seguro que a todas nos daba por comer. Por fumar no, que arruga el cutis y amarillea los dientes.
Esta entrada es la única que publiqué en un blog que acabo de eliminar, pa no perderla.
1 Comentarios:
Pues sí, esto de la talla deprime. Yo hace un par de meses que voy a caminar dos dias a la semana y...¡no hay manera! No he perdido ni cien gramos. Pero claro, cuando vuelvo de la caminata me atizo una Coca Cola bien fresquita que està de buenaaaaaaaa...
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