
Aún a riesgo de hacerme pesada y convertir este blog en un espacio monotemático, voy a contar mi parto de Pe a Pa, y a quién no le interese el tema, que haga click y se pire. El sentido de este espacio virtual es que vaya colgando en él las cosas que no quiero que se me olviden, y aunque dudo mucho que todo lo que llevo viviendo desde el 31 de Agosto se me pueda olvidar, no está de más que lo conserve.
Mi hija está durmiendo en su cuco, el mismo donde dormí yo, y todos mis hermanos, y en estos momentos se está carcajeando en sueños. ¿Qué hará reír a un bebé tan pequeño? Es la primera vez que oigo su risa. Y algo se me reblandece por dentro, por detrás de los pulmones, y se me vierte por los ojos.
El embarazo ha sido durillo. He despotricado mucho, y me he quejado mucho. Y cuando intentaba pensar en la prometida recompensa (¡cuando tengas a tu bebé en brazos se te olvidará todo!) no podía imaginarme tener el bebé en brazos, y me dejaba llevar por un mal fario, un “algo va a salir mal”, supongo que por mi incapacidad para imaginarme un bebé, una hija mía.
Pero como decía el libro ese que me he ido leyendo mes a mes, también esto debe ser normal. Que según ese libro, todo absolutamente todo, y su contrario, es normal.
Mi niña decidió no girarse, y seguir cómodamente sentada hasta el final. Cómoda debía estar, aunque parezca difícil imaginar que la postura en V sea cómoda. Esto es, con el culo abajo, las piernas estiradas al lado de la cabeza. Hecha un librito, cerrada sobre si misma. Postura gimnástica, ya decía que tendríamos que haberle llamado Nadia. Por tanto, siguiendo el protocolo, en la semana 37 de mi embarazo fui al hospital, y una ginecóloga la mar de maja me dijo que existía la posibilidad de forzar al bebé a girarse, con una maniobra que se llama “versión cefálica externa”, y que consiste en sedar a la madre e intentar girar al bebé desde fuera, cogiendo su cabecita y su culo. Por lo que leí en internet duele que te mueres, y las probabilidades de éxito son escasas. Del 25% me dijo la ginecóloga majeta. Total, que dije que ni hablar, que no me sometía a semejante tortura. Supongo que si el bebé no se ha girado por sus propios medios, por algo será, e intentar forzarla me parecía que le iba a hacer sufrir. Y a mi. Así que dije que no.
Acto seguido, pues a darme hora. Y esto ya lo he explicado aquí, así que no me repito.
Nos fuimos acojonados del hospital. Eso fue un lunes. El miércoles por la tarde me ingresaban, para que durmiese ya en el hospital, y el jueves me rajaban la barriga.
El martes decidí que, para lo que me quedaba de gestación, me lanzaba a la locura y me saltaba la dieta severísima de pseudo-diabética (que no me ha salido diabetes gestacional, pero casi). Y me arreé de postre, yo solita, media tarrina de helado de chocolate de Haagen Daz, que según una amiga de mi hermana, eso provoca el parto a las 24 horas de ser consumido. Mi intención era doble. Por un lado, darme el gustazo de comer helado, que ya estaba bien de renuncias gestacionales. Por otra, intentar ponerme de parto. ¿Para qué? Pues mira, igual es una burrada, pero me da a mi la impresión que una cesárea programada pilla al feto por sorpresa, sin que haya tenido tiempo de prepararse, mientras que un parto normal, con sus dolores, sus contracciones y sus chorreos hormonales a lo loco, prepara al bebé para lo que le espera al salir. Lo que le espera, por ejemplo, un mundo con aire en el que usar sus pulmoncillos. Esto me lo dijo una matrona, y me pareció la mar de razonable.
Por tanto, yo ansiaba ponerme de parto. Y mientras me hinchaba a chocolate, le iba hablando a mi bebé, le iba pidiendo que de una patadita perforase el saco amniótico, me hiciese romper aguas y nos pusiéramos las dos de parto. Claro que llevaba meses pidiéndole que se girase, y ni caso.
Al día siguiente, 24 horitas más tarde, después de comer procedí a arrearme la media tarrina restante de helado. No es cosa baladí mencionar que estaba cómodamente sentada en una de las sillas que con tanto esfuerzo he restaurado y tapizado este verano, cuando noté algo raro entre las piernas. Pensé que debía ser fruto de mis ganas de parir, pero no. Era mi hija, que me había obedecido. Me salía un chorro de agua que flipas. La mancha en el suelo que se iba haciendo grande
Mientras, Iván se dió a la tragedia y al drama: ¡no me digas que estamos de parto!!!! Pues ¿qué te parece que puede ser esto? ¡Que he roto aguas, chaval! Y mientras parloteaba sisentidos, decidió hacer lo más útil que se puede hacer en estos casos: recoger la mesa y ponerse a fregar platos.
Toma ya.
Tuve que obligarle a abandonar tan productiva actividad. Gracias a que me ingresaban esa tarde teníamos todo metido en la autocaravana (la Bicha) preparados para irnos al hospital y aparcarla en la puerta. Bueno, pues el muchacho dejó los platos a medio fregar y se fue a buscar su bici, ya que era lo único que faltaba por meter en la autocaravana. ¿Para qué? Pues nunca lo he sabido, porque ya te digo que no la subió a la habitación del hospital.
Mi madre me tenía dicho por activa y por pasiva que si rompía aguas me pusiera en horizontal, para que no se me cayera el cordón. Yo creo que eso es una paranoia suya particular, y que esas cosas no pasan, por por si aca me metí una toalla de baño tipo compresa, y me tumbé en la cama de la Bicha a esperar que Iván guardase su bici, cerrara la casa, se despidiera de los perros y gatos y nos pusiéramos en marcha.
Cuando llegamos al hospital, me tumbaron en una camilla para comprobar cuantas contracciones tenía, y me dijeron que hasta al cabo de 5 horitas no me metían en el quirófano, ya que acababa de comer (con postre helado de chocolate, por cierto) y nosequé de la anestesia.
En la camilla me quedé frita. Iván también. Se nos pasaron los nervios de golpe, y nos dormimos.
Al rato Iván decidió ir a aparcar bien la autocaravana, y le preguntó a la enfermera, quien le dijo que aún quedaba mucho para que me metieran en quirófano.
A los pocos minutos de marcharse me hicieron pasar a una consulta, donde me ecografiaron y comprobaron que la niña gimnasta seguía de nalgas.
Y de ahí al quirófano.
Noooooooooooo, que Iván no ha venido todavía!!!
Me di al pánico. Le intenté llamar la móvil, pero no tenía cobertura. Así que la enfermera se acercó a un micrófono, y resonaron sus palabras por los altavoces de todo el hospital:
ACOMPAÑANTE DE LOLA STEINER, ACUDA A LA SALA DE PARTOS YAAAAAAA!
Aún no habíamos salido de la consulta cuando entraba Iván, con calambres en los cuádriceps, después del sprint más brutal de su vida de corredor. Con la cara desencajada, sudando, acojonado.
A él le dejaron fuera del quirófano, le dijeron que como mi parto era el único de esa tarde, así que en cuanto oyese llorar a un bebé que supiera que ESE era su bebé.
A mi me pusieron una bata la mar de impúdica y me metieron en el matadero.
Para entonces estaba tan acojonada que no era capaz ni de balbucear mi nombre.
A los pocos minutos de marcharse me hicieron pasar a una consulta, donde me ecografiaron y comprobaron que la niña gimnasta seguía de nalgas.
Y de ahí al quirófano.
Noooooooooooo, que Iván no ha venido todavía!!!
Me di al pánico. Le intenté llamar la móvil, pero no tenía cobertura. Así que la enfermera se acercó a un micrófono, y resonaron sus palabras por los altavoces de todo el hospital:
ACOMPAÑANTE DE LOLA STEINER, ACUDA A LA SALA DE PARTOS YAAAAAAA!
Aún no habíamos salido de la consulta cuando entraba Iván, con calambres en los cuádriceps, después del sprint más brutal de su vida de corredor. Con la cara desencajada, sudando, acojonado.
A él le dejaron fuera del quirófano, le dijeron que como mi parto era el único de esa tarde, así que en cuanto oyese llorar a un bebé que supiera que ESE era su bebé.
A mi me pusieron una bata la mar de impúdica y me metieron en el matadero.
Para entonces estaba tan acojonada que no era capaz ni de balbucear mi nombre.
4 Comentarios:
Como me gustan tus relatos...
Una abraçada i un petó a l'Ivet.
Continua escrivint tot el que no vulguis oblidar, encara que no necessitis escriure-ho per recordar. Si tu no ho necessites jo sí, és un plaer llegir-te.
Escribe cuanto quieras... algunos te lo agradecemos.. y más.. si es para relatar un momentazo como este...
Mucha sabiduría oculta entre esas palabras... A seguir disfrutando del placer de ser madre...
Abrazos desde las montañas...
enhorabona.........que siguis feliç
Publicar un comentario en la entrada