martes, agosto 23, 2011

El Gatopardo (o una delicia siciliana)




El Gatopardo es Burt Lancaster. Yo no lo sabía hasta que me acabé el libro, pero si, es él, no ha habido hombre que mejor represente este personaje. Alto, guapo, fornido, rubio, con los ojos azules penetrantes como cuchillos. Es perfecto.

El Gatopardo es una de esas novelas que he querido leer muchas veces, que he empezado unas cuantas pero que, como presuponía aburrida y casposa, no pasaba de la segunda página. Y eso que me ha recomendado esta obra gente cuyo criterio aprecio, pero nada, que no, que se me había cruzado.

Al final me he lanzado al estrellato, culpa también esta vez de mi querido Club de Lectura. Es una de las obras que tenemos en la agenda del primer trimestre del año, y como veo que mi primer trimestre va a estar más lleno de pañales, biberones y llantos nocturnos que de edificantes lecturas, tengo ya casi todos los deberes hechos.

Vamos, pues, al Gatopardo. Es una delicia de libro. Narra la caída de la clase aristocrática (esta palabra la puedo escribir pero no pronunciar sin ciertos problemas de dislexia, me pasa lo mismo con “ecuestre” y “paralelepípedo”) siciliana en tiempos de Garibaldi. Me he tenido que informar sobre Garibaldi y sus movidas, que una es culta pero muy poco, y lo que hizo este buen señor fue unificar Italia, que hasta entonces estaba formada por distintos estados independientes. El Gatopardo, o el Príncipe de Salina, es un aristócrata rural, que vive con su mujer Stella (que es una mojigata insufrible con tendencia a las crisis de ansiedad) y sus 7 hijos en un palacio precioso, aunque como ellos mismos, decadente. Siente predilección por su sobrino huérfano Tancredi, que encarna los nuevos tiempos y el único modo que tiene la aristocracia de no perecer. Tancredi, noble de origen pero arruinado, se enamora y se casa con la bella Angélica, hija del alcalde del pueblo. Este alcalde, Don Calogero, de bajísimo origen pero viva inteligencia, tiene un grandísimo patrimonio, es un hábil político que se ha formado a si mismo y representa el contrapunto del Gatopardo, esto es, noble, rico, con una inteligencia centrada en las matemáticas y la astronomía, que le vale reconocimientos académicos pero no le aporta ni un real.

La película de Visconti es un pelín larga para mi gusto, aunque se ciñe estupendamente a la obra. Se salta los dos últimos capítulos del libro. El último, en mi opinión, no merece la pena, pero el penúltimo, donde narra la muerte del Gatopardo, es una maravilla. La bella Angélica es Claudia Cardinale, preciosa y con mucha capacidad para poner cara de susto. Tancredi es Alain Delon, que está macizorrísimo. La peli es de 1963.

Y una curiosidad. "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie", la frase que resume la actitud política de los sicilianos y del Gatopardo frente a la revolución y los cambios, acuña el término "gatopardismo" en ciencias políticas. Es decir, aquella estrategia política que cede un cierto espacio a la reforma para conseguir que, realmente, todo siga igual.

Hay algunos pasajes de la obra que son de una belleza abrumadora. Me gusta mucho el que pego aquí, explica cómo se levanta el Gatopardo para ir a cazar, y cómo la casa y el pueblo aún están durmiendo mientras él ya siente los nervios y la emoción de la caza. Lo de cazar es una caca, pero sustituye el “ir a cazar” por “participar en una carrera de montaña” y ya lo tienes. :)


"Por otra parte, un abundante botín habría sido para el príncipe un placer secundario, el deleite de los días de caza no era ése, hallábase dividido en muchos pequeños episodios. Comenzaba con el afeitado en la habitación todavía a oscuras, a la luz de una vela que hacía enfáticos los ademanes sobre los policromos artesonados; le estimulaba atravesar los salones adormecidos, esquivar a la luz vacilante las mesas con los naipes en desorden entre fichas y vasitos vacíos, y descubrir entre ellos el caballo de espadas que le ofrecía un augurio viril; recorrer el jardín inmóvil bajo la luz gris en la cual los pájaros más madrugadores se desvivían por hacer saltar el rocío de sus plumas; escabullirse a través de la puerta inmovilizada por la yedra: huir, en suma, y luego, en la carretera, inocentísima aún a los primeros albores, se encontraba con don Ciccio sonriente entre los bigotes amarillentos mientras juraba afectuoso contra los perros. A éstos, en la espera, les temblaban los músculos bajo la piel. Venus brillaba, grano de uva abierto, transparente y húmedo, pero ya parecía oírse el ruido del carro solar que subía la cuesta bajo el horizonte. Pronto encontraban las primeras greyes que avanzaban lentas como mareas, guiadas a pedradas por los pastores calzados de pieles. Las lanas eran mórbidas y rosadas a los primeros rayos."

1 Comentarios:

susana moo dijo...

Es una de mis pelis favoritas, pero no he leido el libro ¿Me permites que te deje una entrada en la que hablé de ella? Yo creo que te va a interesar:

http://www.susanamoo.com/2011/04/la-trayectoria-sexual-del-deseo-masculino-en-3-pelis/