Me he echado una ciber-amigacha, Susana Moo. Resulta que ella escribió una entrada estupenda en su blog sobre Burt Lancaster, La trayectoria sexual del deseo masculino en 3 pelis. Una de ellas es, por supuesto, el Gatopardo.
He pensado que como tengo tanto la novela como la peli fresquitas, y antes de la gran eclosión, voy a comentar un par de cosas que en su entrada no se acaban de matizar. Vamos, ¡que me voy a echar el pisto!
Primera, dice Susana que en la fiesta de alta sociedad casposa siciliana, el Gatopardo tiene "una crisis de mediana edad". Cierto, él tiene mediana edad para lo que nosotros entendemos, pero se siente viejuno sin remedio. De hecho, Visconti incide bastante en este tema porque se salta el penúltimo capítulo de la novela, la muerte del Gatopardo (que es una delicia narrativa) y por tanto, creo que exagera la crisis de mediana edad para indicar la cercanía de la muerte. Es decir, ya que no nos muestra su muerte, nos avisa con esta crisis de que la Parca anda cerca.
Dice también que el Gatopardo se duele de no haber disfrutado de una alegre vida sexual con su mujer. Hay un momento dado de la novela, cuando el príncipe va a ver a una prostituta, en el que los remordimientos le mortifican. ¡Él es un hombre casado! Y se hace el siguiete razonamiento:
«Todavía soy un hombre vigoroso y ¿cómo puedo contentarme con una mujer que, en el lecho, se santigua antes de cada abrazo y luego, en los momentos de mayor emoción, no sabe decir otra cosa que "¡Jesús, Maria!"? Cuando nos casamos, cuando ella tenía dieciséis años, todo esto me exaltaba, pero ahora… He tenido con ella siete hijos y jamás le he visto el ombligo. ¿Esto es justo? – gritaba casi, excitado por su excéntrica angustia –. ¿Es justo? ¡Os lo pregunto a todos vosotros! – y se dirigía al portal de la Catena –. ¡La pecadora es ella!»
Este tranquilizador descubrimiento lo confortó, y llamó decididamente a la puerta de Mariannina."
En la película este momento es buenísimo, pues el Gatopardo no lo piensa, si no que se lo escupe al cura que, consciente de su pecado de la carne, pretende conseguir del príncipe una confesión. ¿Confesarse? ¿De qué? Si la pecadora es ella!!!!
Y por último, Susana hace referencia a un momento de la peli, cargado de tensión y de convenciones sociales. Tancredi acaba de conocer a la bella Angélica, y está completamente subyugado por su belleza. Van a cenar, en el palacio gatopardino, toda la familia noble, Angélica y su padre, estos dos desconocedores de los entresijos del rancio abolengo. Tancredi hace un comentario un poco grosero a Angélica, y ésta se desternilla de risa, ante la incomodidad del resto de la mesa, y el cabreo monumental de la hija mayor del Gatopardo, que se levanta ofendida de la mesa y se pira.
Tancredi explica cómo entró en un convento de monjas junto a sus milicianos amigos:
"Entramos: todo estaba desierto, pero en un rincón del pasillo oímos chillidos desesperados: un grupo de hermanas se había refugiado en la capilla y estaban allí apelotonadas junto al altar. ¡Quién sabe lo que temían de aquella docena de jovencitos exasperados! Daba risa de ver, feas y viejas como eran, con sus tocas negras, los ojos desorbitados, preparadas y a punto para… el martirio. Gañían como perros. Tassoni les gritó:
»–No teman, hermanas. Hemos de pensar en otras cosas. Volveremos cuando podamos encontrar novicias.
»Y todos nos echamos a reír hasta caernos de risa. Y las dejamos allí para disparar contra los reales desde las terrazas superiores. Diez minutos después fui herido.
Angelica, todavía apoyada, se reía, mostrando todos sus dientes de lobezna. La broma le parecía deliciosa. Aquella posibilidad de estupro la turbaba, y palpitaba su hermoso cuello.
–¡Qué grandes tipos debieron de ser ustedes! Me habría gustado encontrarme a su lado.
Tancredi parecía transformado: la fuerza del relato, la intensidad del recuerdo, injertadas ambas en la excitación que producía en él el aura sensual de la joven, lo cambiaron en un instante de aquel muchacho decente que era en realidad en un brutal soldadote.
–Si hubiese usted estado allí, señorita, no habríamos tenido necesidad de esperar a las novicias.
Angelica había oído en su casa muchas palabras groseras, pero ésta fue la primera vez – y no la última – que comprendió ser objeto de un doble sentido lascivo. La novedad le gustó, su risa subió de tono y se hizo estridente.
En aquel momento todos se levantaron de la mesa. Tancredi se inclinó para recoger el abanico de plumas que Angelica había dejado caer. Al incorporarse vio a Concetta con la cara enrojecida y dos pequeñas lágrimas en las pestañas.
He pensado que como tengo tanto la novela como la peli fresquitas, y antes de la gran eclosión, voy a comentar un par de cosas que en su entrada no se acaban de matizar. Vamos, ¡que me voy a echar el pisto!
Primera, dice Susana que en la fiesta de alta sociedad casposa siciliana, el Gatopardo tiene "una crisis de mediana edad". Cierto, él tiene mediana edad para lo que nosotros entendemos, pero se siente viejuno sin remedio. De hecho, Visconti incide bastante en este tema porque se salta el penúltimo capítulo de la novela, la muerte del Gatopardo (que es una delicia narrativa) y por tanto, creo que exagera la crisis de mediana edad para indicar la cercanía de la muerte. Es decir, ya que no nos muestra su muerte, nos avisa con esta crisis de que la Parca anda cerca.
Dice también que el Gatopardo se duele de no haber disfrutado de una alegre vida sexual con su mujer. Hay un momento dado de la novela, cuando el príncipe va a ver a una prostituta, en el que los remordimientos le mortifican. ¡Él es un hombre casado! Y se hace el siguiete razonamiento:
«Todavía soy un hombre vigoroso y ¿cómo puedo contentarme con una mujer que, en el lecho, se santigua antes de cada abrazo y luego, en los momentos de mayor emoción, no sabe decir otra cosa que "¡Jesús, Maria!"? Cuando nos casamos, cuando ella tenía dieciséis años, todo esto me exaltaba, pero ahora… He tenido con ella siete hijos y jamás le he visto el ombligo. ¿Esto es justo? – gritaba casi, excitado por su excéntrica angustia –. ¿Es justo? ¡Os lo pregunto a todos vosotros! – y se dirigía al portal de la Catena –. ¡La pecadora es ella!»
Este tranquilizador descubrimiento lo confortó, y llamó decididamente a la puerta de Mariannina."
En la película este momento es buenísimo, pues el Gatopardo no lo piensa, si no que se lo escupe al cura que, consciente de su pecado de la carne, pretende conseguir del príncipe una confesión. ¿Confesarse? ¿De qué? Si la pecadora es ella!!!!
Y por último, Susana hace referencia a un momento de la peli, cargado de tensión y de convenciones sociales. Tancredi acaba de conocer a la bella Angélica, y está completamente subyugado por su belleza. Van a cenar, en el palacio gatopardino, toda la familia noble, Angélica y su padre, estos dos desconocedores de los entresijos del rancio abolengo. Tancredi hace un comentario un poco grosero a Angélica, y ésta se desternilla de risa, ante la incomodidad del resto de la mesa, y el cabreo monumental de la hija mayor del Gatopardo, que se levanta ofendida de la mesa y se pira.
Tancredi explica cómo entró en un convento de monjas junto a sus milicianos amigos:
"Entramos: todo estaba desierto, pero en un rincón del pasillo oímos chillidos desesperados: un grupo de hermanas se había refugiado en la capilla y estaban allí apelotonadas junto al altar. ¡Quién sabe lo que temían de aquella docena de jovencitos exasperados! Daba risa de ver, feas y viejas como eran, con sus tocas negras, los ojos desorbitados, preparadas y a punto para… el martirio. Gañían como perros. Tassoni les gritó:
»–No teman, hermanas. Hemos de pensar en otras cosas. Volveremos cuando podamos encontrar novicias.
»Y todos nos echamos a reír hasta caernos de risa. Y las dejamos allí para disparar contra los reales desde las terrazas superiores. Diez minutos después fui herido.
Angelica, todavía apoyada, se reía, mostrando todos sus dientes de lobezna. La broma le parecía deliciosa. Aquella posibilidad de estupro la turbaba, y palpitaba su hermoso cuello.
–¡Qué grandes tipos debieron de ser ustedes! Me habría gustado encontrarme a su lado.
Tancredi parecía transformado: la fuerza del relato, la intensidad del recuerdo, injertadas ambas en la excitación que producía en él el aura sensual de la joven, lo cambiaron en un instante de aquel muchacho decente que era en realidad en un brutal soldadote.
–Si hubiese usted estado allí, señorita, no habríamos tenido necesidad de esperar a las novicias.
Angelica había oído en su casa muchas palabras groseras, pero ésta fue la primera vez – y no la última – que comprendió ser objeto de un doble sentido lascivo. La novedad le gustó, su risa subió de tono y se hizo estridente.
En aquel momento todos se levantaron de la mesa. Tancredi se inclinó para recoger el abanico de plumas que Angelica había dejado caer. Al incorporarse vio a Concetta con la cara enrojecida y dos pequeñas lágrimas en las pestañas.
–Tancredi, estas cosas tan feas se dicen al confesor, no se cuentan en la mesa a las señoritas. Por lo menos en mi presencia.
Y le volvió la espalda."
Concetta es la hija mayor del Gatopardo, enamorada de Tancredi pero mojigata y mústia como su madre. Angélica, con sus dientes de loba, se lleva el gato (pardo) al agua. Comprensible, ¿no?
Qué delicia de libro.
Y aquí, una escena de la peli. Es el momento en que Angélica entra en el palacio gatopardino. No hace falta entender una palabra de italiano para ver cómo reaccionan ante su presencia y abrumadora belleza cada uno de los miembros de la familia.
Y le volvió la espalda."
Concetta es la hija mayor del Gatopardo, enamorada de Tancredi pero mojigata y mústia como su madre. Angélica, con sus dientes de loba, se lleva el gato (pardo) al agua. Comprensible, ¿no?
Qué delicia de libro.
Y aquí, una escena de la peli. Es el momento en que Angélica entra en el palacio gatopardino. No hace falta entender una palabra de italiano para ver cómo reaccionan ante su presencia y abrumadora belleza cada uno de los miembros de la familia.
1 Comentarios:
Fantásticos matices akane. Y el de cuando "escupe" al cura, su argumentación va muy a güevo sobre lo que ahora dialogamos en Erotómana, que ya no te lo enlazo por pudor, pero te invito a pasar ( y a ver si aciertas qué mujer es la que podría haber cambiado el devenir de la historia).
Bessazo.
Te enlazo
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