
Hubo un tiempo, y no tan lejano, en que las mujeres no podían correr maratones. Los 42,195 kilómetros se consideraban una prueba de hombres, demasiado exigente y dura para atletas que eran vistas como frágiles chiquillas. No estamos hablando de un siglo atrás, sino de los años sesenta. Por esa época empezó a correr la noruega Grete Waitz, que murió la madrugada del martes en Oslo, a los 57 años, tras una larga batalla contra un cáncer cerebral.
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