Se pasa mal.
Yo hace bastantes años que no me veo en ese trance, no por falta de motivos para reirme, a Dios gracias, si no a falta de asistencia al acto eclesiástico.
Pero el otro dia, en el cole, me vi en una situación similar. Y me acordé de estas risas clandestinas y de la mirada de mi abuela, con cuchillos, navajas y trabucos en las pupilas.
El caso es que me tocó hacer guardia en mi tutoria. Y a una profe amigacha, guardia en la clase de al lado. Usaré nombres de alumnos en clave, pero mantendré, en la medida de lo posible, cierta similitud entre los nombres, por si algún profe avispado quiere descubrir de quién se trata.
Me dice una niña de clase, Imma, que ayer perdió la agenda, y que la ha encontrado en el casillero de la mesa de Cristhian. Y que, al revisar la agenda, encontró en ella una nota de amor, que transcribo literalmente y con cierto dolor:
"hola wapa, sóy 1ºA, sóy Joan, quieres salir con migo? Anónima."
La chavala se reventaba de risa.
El caso es que en el casillero de Cristhian había también una libreta, propiedad de Valeria. Y en su libreta estaba escrita la misma dedicatoria, con la misma letra. La persona que la escribió, Joan previsiblemente, se les había declarado por duplicado.
Iniciamos las investigaciones, entre el pitorreo de la clase. Pedimos a Cristhian que enseñe su letra, comparamos, y no, él no ha sido. Pero pasa un mal rato mientras dudo de su honestidad. Pobrecico.
Aunque estoy convencida de la inocencia de Joan, me voy a buscarle a su clase. Pido permiso para que salga del aula, le pregunto si él ha escrito eso. Lo lee, se aturulla, lo niega todo. Estoy segura de que él no ha sido, pero considero justo que sepa el cachondeo que hay a su costa. Vuelve a su clase, y yo a la mía.
Pensamos entre todos. La libreta y la agenda desaparecieron ayer, a última hora, cuando sus propietarias se fueron a otra aula. ¿Y quién se quedó en esta aula? Algunos alumnos, los que tenían clase de optativa aquí. Decidme, los que os quedais aquí, ¿quién se sentó ayer por la zona donde se sientan Imma, Valeria y Cristhian? Tres alumnos de la clase de al lado, Tal, Tal y Tal.
Bien, ahora vuelvo. Cojo la agenda con la nota, y me voy a la clase de al lado, donde, recordemos, está de guardia mi colega. Le pido que deje salir a los tres alumnos sospechosos, con sus respectivas agendas y un boli (para comprarar la letra). La profe se apunta inmediatamente a la investigación, con gran pitorreo mal disimulado.
Comparamos las letras. Un alumno descartado. Los otros dos, podría ser. Um... Someto al primero a un interrogatorio serio y formal. ¿Has sido tu quién ha escrito esto? El alumno pone cara de apuro, niega con la cabeza y señala con disimulo al otro candidato. La otra profe empieza a desternillarse, esto no es serio. Yo continúo impasible. Pregunto a Jaume, el sospechoso principal: ¿has sido tu? Él lo niega.
Razonamiento inmediato: si confesais ahora no pasa nada, no deja de ser una broma. Pero si ahora me lo negais, y luego me entero que habeis sido vosotros, tendreis una falta grave por mentir. ¿entendeis? Venga, repitamos, Jaume, ¿has sido tu?
Jaume baja los ojos, tiñe su cara de rojo carmesí y asiente compungido. La otra profe no puede controlarse la risa. Yo sigo seria cual poli malo de película americana.
Vuelven a clase los dos alumnos inocentes. Me llevo al pobre Jaume a mi clase, la otra profe nos sigue (no quiere perdérselo por nada del mundo), le digo que tiene que entrar a pedir perdón a las dos niñas. Él dice que vale, mientras empieza a respirar rápidamente, creo que le va a dar un jamacuco. Cuando entro en mi clase, se hace el silencio. Les digo "aquí está la persona que escribió la nota, y tiene algo que decir a Imma y Valeria". Todos callan, expectantes, con la mirada clavada en el pobre Jaume que está al borde del colapso.
- (Jaume, rojo bermellón): Perdón.
- (Yo, seria e impasible) ¿Valeria, Imma, le perdonais?
- (Imma, que a duras penas puede contener la risa): ¡sí, claro que sí!
- (Yo): vale, pues ahora venimos.
Salimos de la clase y se oye como todos los de mi tutoria empiezan a carcajearse con toda la energía de sus jóvenes pulmones (26 pares, en concreto).
Nos vamos a buscar a la víctima inocente de todo este sarao, Joan. Mientras avanzamos por el pasillo voy notando la misma sensación que en la misa. Me parto de risa, pero tengo que mantenerme en mi papel. Me sube una risotada, disimulo haciendo como que toso, hago muecas y me muerdo el labio. Llegamos a la clase de Joan, le hago salir, se produce el siguiente diálogo:
- (Jaume, rojo azulado): Perdón.
- (Joan, sonriente): ¡gracias!
Me da un retortijón doloroso de la risa que tengo contenida bajo el diafragma. ¿Qué respuesta es esta? ¿Gracias? ¿Qué tiene que agradecer el pobre Joan? ¿Que alguien vaya por el mundo pidiendo salir a las gachís en su nombre?
Volvemos a clase, cada uno a la suya. Temo por la vida de Jaume, está a punto de perder el conocimiento, tal es la vergüenza que ha pasado.
Al entrar en mi tutoria, soy recibida con vítores y alharaca. ¿Cómo has podido adivinar tan rápido quien era?
Pues...
(me hago la interesante unos segundos)
... porque he leído mucha novela policiaca.




